🪴 El jardín de Pilates
Hay lugares que no se construyen sólo con paredes, camillas o ventanales.
Hay espacios que se crean con gestos, con presencias silenciosas y con amor cotidiano.
El jardín de Pilates es uno de esos lugares.
La sala donde doy mis clases está al costado de la casa de mi abuela. Compartimos el patio, compartimos el día a día, compartimos los tiempos. Desde el ventanal de la sala se ve el jardín completo: las plantas, las flores, la ropa tendida, los cambios de luz, las estaciones que pasan sin apuro.
Ese jardín no está ahí por casualidad.
Mi abuela lo prepara todos los días. Lo riega, lo ordena, lo cuida. Sabe que desde adentro se ve, sabe que quienes vienen a Pilates lo miran, lo disfrutan, lo comentan. Y sin decirlo demasiado, lo deja lindo “para las clases”.
Cada mañana, antes de empezar, ella me espera con un mate. Ese gesto simple —el mate alcanzado, la charla corta, la presencia— también forma parte del espacio. Porque Pilates no empieza cuando suena la música o cuando nos acostamos en la camilla. Empieza mucho antes, en ese clima de calma, de cuidado y de hogar.
Muchas personas me dicen que el jardín les transmite tranquilidad, que les baja el ritmo, que les da una sensación de bienestar, de frescura, incluso antes de moverse. Yo creo que eso tiene que ver con la energía con la que está hecho: una energía amorosa, paciente, atenta. Ese contacto con la naturaleza externa favorece o invita al contacto con nuestra propia naturaleza.
Cuando empiezan los días más cálidos aparece la tortuga caminando entre las plantas. Es un simpático espectáculo que se comenta entre los que miramos el ventanal A veces se asoma un colibrí y su belleza nos inunda y conmueve. Y sin buscarlo, el jardín se convierte en una extensión de la práctica: observar, respirar, estar presentes, respetar los tiempos.
Este artículo es un pequeño homenaje.
A mi abuela.
A su cuidado diario.
A su forma de estar , de acompañar con su presencia amorosa.
El jardín de Pilates no es solo un fondo verde.
Es parte del espacio, de la experiencia y de la esencia de este lugar.
Nos leemos en la próxima pausa
Con cariño, Lu